martes, 6 de diciembre de 2016

Simone

Eduardo Lalo, Fórcola ediciones, 2016. Ganadora del premio Rómulo Gallegos 2013.

Me gustan los libros de Fórcola, porque sé que están hechos con calidad y cariño. Soy poco lectora de no ficción y me alegré mucho cuando abrieron una colección de narrativa contemporánea. Simone es de publicación muy reciente (en España, la edición original es de 2011) y empecé a leerla según cayó en mis manos. Y tardé muy poco en parar: el texto me reclamaba concentración, y un lápiz (muy, muy pocas veces leo marcando páginas) y el restaurante donde comía sólo me permitía una lectura ligera.

Así que un poco después volví a empezar, fascinada con la belleza del texto, con su propuesta. Un escritor poco conocido pasea las calles de San Juan, recogiendo en una libreta sus impresiones, sabiendo que quizá a nadie le importen nunca.

“Pensar desde la nada, desde este nada pasa, desde aquí. Y lo digo con la euforia del que ha perdido la esperanza y sigue y pervive. Escribir sin salidas, desde cualquier sitio, en esta ciudad opaca por ejemplo, sabiendo que esta actividad resulta incomprensible para mis vecinos y que de cualquier manera, estas páginas no llegarán a ellos” (…) “He sabido aguantar sin derrumbarme. Poco más he sabido hacer. Para esto sirve escribir o leer y a eso he dedicado casi toda la vida. A veces, he conocido algo parecido a la gracia”.

El narrador continúa en la rutina de la que no puede zafarse pero que le resulta insuficiente, cuando empieza a encontrar mensajes anónimos de los que parece ser el destinatario. Son reflexiones, citas, no sabe si originales o copiadas, escritas en tiza en el suelo, fijadas en papel a su parabrisas, recibidas en su buzón… Y se va sintiendo atraído por la persona que las manda, imagina que es una mujer (firma Simone, de ahí el título) con la que compartiría afinidades y extrañezas.
Simone y el narrador se conocerán, se enamorarán y vivirán una peculiar sucesión de encuentros, silencios, secretos y ausencias. Convencidos de haber encontrado un alma gemela, por inverosímil que les pareciera en su contexto, la relación será más complicada de lo que el narrador hubiera deseado.

Hay un tercer núcleo temático destacable en la novela: la amistad con el también escritor Máximo Noreña, y la diatriba que sostienen con el escritor español Juan Rafael García Pardo, da pie a un posicionamiento sobre la figura del autor, sobre el contexto de la industria cultural, sobre la situación actual:

“La literatura no soporta la impostura. De esto es que he estado hablando. Hoy España, más que una literatura, es una industria editorial y al buen lector le molesta que le den gato por liebre. No cuestiono la valía de ciertos autores, pero aún éstos son víctimas de esta industria”. (…) “Lo que pasa es que están muy solos. Tan solos como nosotros, pero no se dan cuenta, porque se mueven en un ámbito en el que hay verdaderas reputaciones y, a veces también, bastante dinero. Hay que ser valiente para no participar en la charada. Los riesgos son grandes. Un escritor puede hacer poco contra un universo editorial que comienza a percibirlo como un técnico. La industria del disco mató la música. La del libro está en proceso de aniquilar a la literatura. Somos náufragos, nos queda el futuro amargo de los que sobreviven a un mundo que no volverá a existir. Lo que quisimos hacer en la vida quizá ya no existe”.


Me ha gustado mucho Simone, sus reflexiones, su belleza, las propuestas que lanza. Ojalá alcance el público que merece.

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