lunes, 7 de enero de 2013

Estaré en el paraíso


Estaré en el paraíso, Mayte Carrasco, RBA, 2012
Que levante la mano el que cuando hablan de Siria en el telediario sabe perfectamente cuál es el conflicto, cómo se van desarrollando los acontecimientos y cuáles son las posturas de unos y otros. Y no mintáis, que los Reyes aún andan cerca…
Pues eso es lo que trata de explicar Mayte Carrasco en su último libro. Estaré en el paraíso es un análisis de apenas 60 páginas en el que presenta a Bashar Al-Assad y explica la lucha entre chiítas y sunitas (ramas del Islam) y las bases político-sociales del país. El origen y el trasfondo de la guerra civil religiosa y del régimen dictatorial del presidente ayudan a entender qué es lo que nos enseña cada día el telediario.
En pleno conflicto Carrasco entró a Siria desde el Líbano, recorriendo de noche y en la más absoluta clandestinidad tres kilómetros de cloacas hasta llegar a Damasco. Desde allí ha pretendido ser nuestros ojos y tratar de volver viva para contárnoslo.
Dar un paso con el pánico de saltar por los aires en cualquier momento; asistir a la impotencia que los pocos médicos que aún no han huido sienten cuando los de heridos llegan pidiendo auxilio y ellos, enemistados con los mandatarios y sin medios, tratan de salvar sus vidas sin anestesia o sorteando muertos en el suelo; intentar descansar sin sosiego, con el miedo de cerrar los ojos y que te caiga un mortero encima, acercarte demasiado a una ventana, asistir a un funeral de un joven del ELS…Todo eso, y todo lo que no cuenta, es lo que sufren tantos freelance de guerra que arriesgan sus propias vidas para dar cobertura a un horror del que nadie se acuerda en la opulencia de Occidente. Y si lo hacen es por los intereses creados, que nunca faltan.
Me encanta este tipo de testimonios y me encanta pararme a pensar cuántas realidades tan diferentes obviamos cada día desde la comodidad de nuestro sofá, porque al menos durante unas páginas me siento más cerca de las víctimas.
Os lo recomiendo a todos, porque desde la suerte de vida que tenemos, debería ser un deber conocer y aliviar las desgracias de los demás.
Virginia

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